Carrie y las cosas que me hacen vibrar

tumblr_n950tlbqej1r4ueyro1_500

Aunque no recuerdo exactamente cuántos años tenía -calculo que estaba sobre los doce o trece- la sucesión de imágenes de aquella noche está bastante clara en mi mente. 

Tengo buena memoria (aunque el Jagermeister esté acelerando la muerte y destrucción de mis neuronas) y guardo un montón de recuerdos para cuando se puedan imprimir, porque sé que uno de los inventos del futuro será el de poder imprimir recuerdos.

A veces dudo de mi cerebro porque otras personas juran y perjuran que eso que cuento no fue así, aunque yo lo vea clarísimo, con imágenes icónicas que pululan entre el hueco del ojo derecho y el ojo izquierdo. Pero ya saben, la mente es maravillosa y Russell Crowe también pensaba que todo era cierto. Así que a veces me da un poco de yuyu tener recuerdos tan nítidos y que no logre que nadie los corrobore. Casi siempre se me pasa; primero porque soy una persona que creo bastante en mí misma, y segundo porque suelo encontrar datos objetivos tales como fotos o algunas cosas claves que hacen mi crónica digna de un buen libro de Punset. Todo muy científico.

El caso es que aquella noche no podía dormir, algo que en mi infancia y primera adolescencia me sucedía con frecuencia. Creo que simplemente no me gustaba dormir, porque no era yo mucho de pesadillas. Además, como agravante, tenía la situación poco estratégica de mi cuarto: casi, casi en frente del salón. Con sus clásicas puertas con cristales cincelados que todo lo dejaban ver y toda luz dejaban pasar.

tumblr_n95hfoGSOn1ttpbjko1_500

Yo, vayamos directos al grano, lo que quería era que mis padres me dejaran ver la televisión por la noche. Era como un premio, un signo de responsabilidad, una cosa loca. Quería que me dejaran ver Compañeros, Periodistas y Expediente X. Y no había puta manera. A las 9 a la cama y una hora, eso sí, para leer. Con el tiempo me he dado cuenta que no era el hecho de quedarme despierta sino simplemente que no tenía que ver la televisión a esas horas. En el fondo se lo agradezco, porque no hay color de un libro a la televisión. Pero esas cosas, como casi todo, las sabes con el tiempo.  

Algunos de mis compañeros de clase no tenían una hora para leer y a ellos sí que les dejaban ver la tele por la noche. Y joder, no me suele suceder, pero cuando hablan de temas y dicen nombres de personajes que no sabes quienes son, molesta. Ligeramente. Y-yo-lo-que-quería-era-que-me-dejaran-ver-Compañeros. Al menos. 

A eso de los catorce ya podía quedarme un poquito más que mi hermano y os juro que me sentía súper mayor. Él se iba a la cama y entonces encendíamos la lamparita, mi padre sacaba de su guarida secreta chocolate con almendras, incluso se permitían el lujazo de fumarse un cigarrillo en el salón (siempre lo hacían en la terraza). Todo un ritual.

El caso es, pierdo el hilo, que una noche con esa tierna edad en que eres medio inocencia, medio picardía no podía dormir. Debían ser la una o las dos de la madrugada y la luz del salón estaba encendida, efectivamente porque alguien estaba viendo la televisión. Y decidí probar suerte.

Mi madre me dijo que me tumbara con ella a ver si me quedaba dormida, pero ni mucho menos. Me explicó que estaba viendo una serie que la encantaba sobre una chica que era un ‘pato mareao’ y siempre le pasaban cosas. En ese capítulo entró a una tienda de Dior en París, se tropezó y cayó al suelo como quien se tira a la piscina con estilo y alevosía y perdió su amado colgante en el que ponía ‘Carrie’.

Y ese fue mi primer e inolvidable capítulo de Sexo en Nueva York.

tumblr_n8iw3g7wLK1qc5p6yo1_500

De chorrada nada. Que ya sé lo que estarán pensando. Yo aluciné. Yo flipé. Me encantaba esa tía, era una aspiración total para mí. De repente me encantaba esa serie y con catorce años ya sabía de Manolo Blahnik y de chicas periodistas que hablan sobre hombres y que parece que saben lo que hacen pero luego se las van dando todas con queso. 

El caso es que no sé ni cómo ni cuándo -todavía no tenía Internet y mucho menos sabía qué era Megaupload. Lo supe en primero de carrera (otro momento que tengo preparado para imprimir)- encontré una reposición de Sexo en Nueva York a una hora decente y me enganché. Me quedé jodidamente enganchada a esa serie. Me vi las dos películas. Me leí el libro. Flipaba porque la madre naturaleza me había dado los mismos rizos que a Carrie, la misma profesión y hasta la puta mala suerte con los tíos.

Quería su armario vestidor verde y su eterna colección de zapatos de salón. Cada vez que leo en una carta de bebidas ‘Cosmopolitan’ no puedo dejar se pensar en ellas. Sueño con comerme un cubo de pollo de KFC vestida con la camisa de un tío con su dueño al lado en una terraza en Nueva York y fumarme una bolsa de marihuana. O al menos un poquito de ella. Irme a París o conocer un Mr. Big, 

Ese momento, esa serie fue un antes y un después en mi vida. Ahora soy una friki de las series, una serial lovel o llámenlo X. He aprendido más inglés viendo series que en todo el bachiller y cuando conozco a alguien y me entero que ve la misma serie que yo, la conversación adquiere una nueva dimensión y esa persona pasa a ser espontáneamente mi más mejor temporal alma gemela.

Y cuando acaba una serie vibro.

Vibro porque he llegado al final, porque he cerrado una etapa, por el vacío existencial que me deja al terminar.

Y vibrar no es tan sencillo como parece, pero sin embargo soy una chica que lo hace con frecuencia. Quizá porque soy extra sensorial.

Las cosas que me hacen vibrar muchas veces tienen nombre y apellidos. Casi siempre de mujer. Porque así como nunca he sabido rodearme de los correctos, con ellas siempre acierto. Tengo amigas que me hacen vibrar.

tumblr_n96gakgSTF1ta044ho1_500

Me hace vibrar el chico que todos los veranos me saca de la mano de un bar y me sugiere que no volvamos a entrar. Una tarde de risas y solo risas. Los besos y abrazos de mi prima pequeña. Los Whatsapp inesperados de personas inesperadas. Tener objetivos y cumplir metas. Me hace vibrar un gran final. Andar en tacones por la calle cuando está amaneciendo y aún tienes la sensación de que quieres más. Las sorpresas que te da la vida, cómo te cambia la vida en unas pocas horas. Las comidas en mi casa cuando hace sol. 

La seguridad de que todo irá a mejor. La capacidad de poner mi existencia patas arriba y marcharme. Otra vez. Me hace vibrar tomar decisiones rápidas y trascendentes. También que mi perro asome debajo de la mesa con ojos de cordero degollado pidiéndome comida. La sonrisa por la mañana. Las buenas noticias. Ver orgullo en los ojos de mis padres. Que me de el sol de frente mientras estoy bañándome en el mar.

Me hace vibrar la inspiración que me empuja a rellenar un folio blanco cuándo y dónde menos lo espero. Apagar el motor después de un largo viaje. Las cosquillas en el cuello. Aterrizar. Oír hablar italiano. Viajar. Viajar es de las cosas que más me hacen vibrar. Preguntar a la gente para saber. Encontrar lo que estaba buscando. La respuesta de las 8.30 am a un mensaje desesperado. Que se adelanten a lo que pienso. Que me conozcan. Que digan «este vestido es muy tú».

Vibro haciendo planes en mi mente, imaginándome en lugares al lado de gente especial.  Vibro viendo a las parejas que se quieren y a los niños que trasparentan su inocencia. Vibro viendo cuadros, monumentos y catedrales. Vibro con el arte. Vibro con la gente que habla de lo que ama. Y con unos tallarines con gambas en un chino.

Supongo que vibrar es un buen síntoma de que estoy viviendo.

Feliz agosto. 

tumblr_n8t2edDKzh1r3hbd2o1_500

45 thoughts on “Carrie y las cosas que me hacen vibrar

Deja un comentario

*