Con otros ojos

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Uno torna sempre negli stessi posti in cui amo la vita e poi capisce quanto sono assenti le cose care

Empecé este post en algún punto entre Pisa y Florencia -en un tren que olía a armario de octogenario- porque necesitaba algo para evadirme ya que una señora con las uñas azules estaba comiéndose una focaccia delante mío con la boca abierta mientras movía la lengua cual reptil.

¿Os he dicho ya que odio a la gente que come con la boca abierta? A ver, que todos abrimos la boca en algún momento de nuestras vidas, pero me refiero a esa gente que come con la boca abierta sistemáticamente. Esa clase de personas que, si hablaras de ellos con alguien, incluso podría salir a relucir algún comentario sobre su forma de masticar. Ag. Eso y las personas que tardan tres años en meter su compra en la bolsa y frenan toda la fila.

Volviendo al tema de Pisa. No es que sea yo muy fan de esta ciudad italiana; más bien soy del club de los que piensan que está más que sobre valorada. Que la torre y el duomo están bien pero que tampoco es nada del otro mundo. Hay ciudades sin torre y con mucha menos fama que los turistas siempre se pierden. Yo tengo una oferta por si alguien está interesado en el tema: financiarme una expedición en la península itálica y yo a cambio escribiría la mejor guía ever.

Ahí lo dejo.

He vuelto unos días a Florencia. Necesitaba mi chute de Italia anual para continuar con tranquilidad lo que queda de año. Y es que una vez que has probado esta clase de vida, cuesta desengancharse. Quería probar también a mirar las mismas cosas pero con otros ojos. Hace cinco años que viajé por primera vez a Italia. Nadie, desde luego, me podría haber dicho en ese momento que mi vinculación con el país iba a ser tan fuerte. Ni que iba a ser tan significativo en mi vida.

Es curioso como pasan meses y años de pura monotonía y que tan solo se necesite una mirada, unas palabras o unas horas para que todo -y cuando digo todo, es absolutamente todo- de un vuelco tan intenso que sientas el corazón deslizándose por tu garganta y saliendo por la boca.

Por eso yo prefiero enamorarme de una ciudad que de una persona; las ciudades no te engañan con otras ni de repente te dejan de querer.

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Y efectivamente, he visto las mismas cosas con otros ojos. Con los ojos de quien vino por primera vez sin saber mucho de nada y andaba perdida -quizá un poco afectada por el Síndrome de Stendhal sin saberlo-; abrumada por tanto que ver y el tiempo pisando, como siempre, los talones. Con los ojos de quien volvió de casualidad -como pasan las mejores cosas- a vivir a una ciudad que no recordaba demasiado ni reconocía del todo (puede que la visión ya hubiera empezado a ser diferente), y que con el trascurso del tiempo supo oler, saborear y palpar.

Que supo entender una forma de vida que es impagable; cómo una ciudad es en verdad dos y que es necesario estar dispuesto a descubrir; huir del  bullicio, de los turistas y vendedores de paraguas cuando llueve (esos sí que son los verdaderos hombres del tiempo), de las atracciones para visitantes y los sonidos de disparadores de réflex, para adentrarse en calles empedradas casi desiertas (un milagro en Florencia) para tomar cafés y cervezas en bares con estanterías llenas de libros, escuchar música en directo o sentarse en unas escaleras a comer pizza escuchando solo la dulce melodía de la lengua de Dante.

Y finalmente, mirar a esta ciudad, cuna del Renacimiento, con los ojos de quien habiendo visto todo lo que un visitante viene a ver, habiendo descubierto the dark face of the moon y habiendo saldado su deuda con Italia, ahora simplemente camina y sonríe, recuerda, mira, conoce a los camareros -de vista- y se siente propiamente en casa. Son los ojos de quien ya ha soñado en italiano.

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Y tengo que decir que me han entrado de nuevo las ganas de volver a vivir aquí: en Florencia, en Roma o donde las casualidades me hagan aterrizar. Pero no siento esas ganas de vivir experiencias, conocer gente, viajar o beber Peroni hasta la saciedad; más bien esas ganas vitales y existenciales que tiene alguien que ha encontrado, definitivamente, su lugar.

Italia, nos veremos pronto. De eso estoy segura. 

Mientras tanto, os voy a dejar una pequeña guía de Firenze. No de monumentos ni cosas que podéis encontrar en Internet o en los libros, ‘Las cosas italianas de Mery’, más bien. Ya hice una especie de intento en un post a mi llegada el año pasado. Por si queréis echar un vistacillo… ‘Sotto il sole della Toscana’

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Lo primero que uno debe de hacer antes de ir a Florencia, es ir haciéndose una idea. Pero una buena idea. Y para eso están las redes sociales y ‘Te La Do Io Firenze; una página web que empezó como un simple blog -como este- y acabó por convertirse en una de las mejores páginas de información sobre Florencia. Además, tenerlos en Facebook o Twitter es una maravilla, aunque solo sea para mirar las fantásticas fotos que suben.

Hablan de cosas curiosas sobre Florencia y la Toscana, como por ejemplo por qué los Medici tienen en el escudo seis balones o por qué el pan de Florencia es soso; informan de eventos y actividades culturales; gastronomía, deportes, turismo, Historia florentina, etc. En resumen, un sin fin de conocimientos sobre la ciudad y la región, que te prepararán para la visita o harán que ganes algún quesito en el Trivial. 

Además, recientemente han publicado una guía titulada ‘Firenze Low Cost’ que yo ya tengo en mi poder y que tengo que decir que está realmente bien. Estoy segura que tendré que prestarla más de una vez (me da un poco de miedo prestar libros, de eso ya hablaremos) y señala con pelos y señales como sobrevivir a Florencia sin gastar demasiado -partiendo de la base de que Florencia es una ciudad carísima-. 

Una cosa muy típica italiana, y que me he dado cuenta de que los turistas no deben saber en su mayoría porque nunca he visto los bares llenos de guiris, es el aperitivo. Se hace a partir de las 18.00 h. y se trata de pagar una consumición y poder comer en una especie de mini buffet. Creo que la idea está más pensada a picar algo mientras tomas una cerveza o un cóctel, pero si vas a las ocho, cuando ya el hambre empieza a hacer su aparición estelar, puedes hacer una merienda-cena (lo confieso, lo he hecho un montón de veces). Suele haber pasta en sus cinco millones de variantes, ensaladas vegetarianas (a los italianos les encanta la verdura), pescado, pollo, focaccia, pizza, fruta, etc. 

Mis favoritos son:

  • Ristorante Caffe Oibo 
    Borgo dei Greci, 1 (al lado de Santa Croce)
    Aperitivo 8€. Ambiente tipo lounge bar 
  • Moyo
    Via de Benci, 23 (a medio camino entre Santa Croce y el río Arno)
    Aperitivo 8€. Ambiente tipo lounge bar
  • Easy living
    Lungarno Cellini. Cerca de la torre de San Nicoló y de Le Murate
    Aperitivo 4€. Es un lugar muy tranquilo, alejado del ajetreo de los turistas. Creo que allí la única extranjera era yo. Mesas y sillas de madera, prima la decoración es minimalista. Tiene una terraza arriba, en el paseo del Lungarno y otra abajo, en una pequeñita playa junto al río. La comida es excelente; muy elaborada. Buena música. Si le sumas la posibilidad de contemplar la puesta de sol desde una mesa, charlando con tus amigos, hace que sea sin duda mi favorito.
  • Le Murate. Caffe Letterario Firenze. 
    Piazza delle Murate. 
    Su nombre ya lo indica todo; es más que un ristobar, es una asociación cultural. El local es cultura. Bien ambiente italiano.

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No quiero aburriros con listas interminables de locales y sitios que podréis encontrar en cualquier guía, por eso voy a hacer un breve resumen delomejorcito.

¿Una pizzeria?Gustapizza 
¿Un restaurante bueno, bonito, barato?Acasamia
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Una heladeria?Bella Mia Gelateria

¿Para comer Bistecca alla Fiorentina buena y sin que os timen? -Risttorante Il Polpo, Fiesole. De paso disfrutáis de una de las mejores vistas de Firenze y de un pueblo de origen Etrusco bastante poco lleno de turistas. A 15 minutos en autobús de Piazza San Marco.
¿Un local de fiesta en el que solo oirás hablar italiano?Nof Gallery (Borgo San Frediano), Auditorium Flog (local histórico, aquí suonò Nirvana), Yab (muy glamuroso) y  Flo Firenze (en el Mirador de Miguel Ángel, el sumum, el TOP, lleva tacones)
¿
Cerveza y buena música?Bar Aurora (tranquilo, muy bonito, hipster, histórico, cultural)
¿
Algo que da muy buen rollo? -Beberse una Peroni en las escaleras de Santa Croce (cerca tenéis un supermercado donde las venden frías a 1 euro)
¿Algo que uno no se puede perder si va a Florencia? La puesta de sol sobre el Arno y los Jardines Bóboli
¿Música en directo?Be Bop
¿
Una noche diferente y divertida?Probad a bailar swing y sentiros en la época. Tuballoswing.

La visita al Duomo, el Palazzo Vecchio, las tumbas de Santa Croce y la foto en uno de los puentes no tengo que explicároslas porque son cosas que todos los turistas hacen. Pero como Florencia es una ciudad MUY turística, es difícil huir de la ‘chabacanería’, por llamarlo de alguna forma. Yo os recomiendo que sigáis mis consejos. Y que disfrutéis de esta ciudad.

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