La curva de tus labios

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Podría engañarme a mí misma pensando que te necesito o que alguna vez te quise. Que tus pecados han expiado, que me gusta cómo hueles o que te echo de menos. Pero es mentira. Y cuánto más me quiero, más sé que nunca me has merecido.

Rubia, ya te dije en otra ocasión que sonrieras, pero es el momento de volvértelo a repetir. 

Sonríe, porque tu sonrisa ilumina muchos mundos. Levántate con energía -no hace falta que rompas persianas como la vecina del tercero-, mírate al espejo y sonríe. 

Sonríe mientras te miras las legañas en el espejo a través de las gafas porque solo tú sabes lo que cuesta sonreír todos los días de la semana y lo que pesan algunos días. Y algunos años. Las palabras y los momentos no vividos. Las piedras que has cargado en la mochila. 

Suelta lastre. 

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Saca la bandera blanca en la batalla que mantienes entre la persona que quieres ser y la que crees que deberías ser. Nadie sabe hablar tan bien y tan mal de ti como lo haces tú misma, y con eso ya es suficiente. Por mucho que parezca lo contrario, la gente ni piensa ni habla. Ni en exceso ni por defecto. La gente babea, gatea, escupe y vomita. Y nada más. Crecen a tu alrededor como la mala hierba entre los rosales. 

Sonríe, porque solo tú sabes a qué saben cada una de las lágrimas que te caen de vez en cuando en los labios; A veces a dulce, a veces a cianuro. Aprende a cambiar de libro, porque hay momentos en los que pasar de página no es suficiente. 

Hazlo porque me haces feliz con esa curva. 

Sonreír es quererse. Y quiérete porque eres preciosa, inteligente, simpática y divertida. Quiérete para que los demás también lo hagan. Sonríe y quiérete, porque cada vez que lo haces, yo me enamoro. 

No te conformes, pero no intentes cambiar el mundo si en tu rutina no hay sonrisas. 

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Sonríe hasta que te duela la tripa, te lloren los ojos, te tiren los carrillos. El tiempo, enemigo a la vez que aliado, mitiga el dolor, olvida distancias, empaña te quieros, no echa de menos. Así que solo es eso, cuestión de tiempo. ¿No lo ves? Te espera una nueva vida, nuevos momentos, nuevas personas. Deja de pensar en el pasado, que no tiene nada que ofrecerte. Queda con los amigos, empáchate de cañas. Sal a mojarte, cómete esa hamburguesa que te apetece y cómprate ese vestido que te queda tan bien. 

Vete al cine tarde y llénate de palomitas. Habla con alguien en el metro, visita esa exposición. Muerde los hielos de la coca cola, por todas las veces que tus padres no te dejaron hacerlo de pequeña. Cánsate de andar, dormirás llena de felicidad. No te sientas culpable por quedarte hasta las tres de la mañana viendo The Wire. Ni por haberte comido 275 gramos de golosinas Haribo. 

Te está esperando el mundo. Intenta llenarlo de ti. 

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