El amor y las rebajas

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Estos días post-vacacionales de depresiones, estrés y dietas son también días de rebajas. El que me conozca sabe qué significa esto para mí; los preparativos, mi humor durante y mi estado de ánimo posterior si la cosa ha ido bien o si ha ido mal. Ir de rebajas es para muchos la máxima expresión de la sociedad de consumo, es ser la casta, es tener menos cerebro que un mosquito. Y no, chatis.

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Empezamos porque aquí cada uno gasta el poco dinero que tiene en lo que quiere. Tú lo inviertes en figuritas de Warhammer o en el último smartphone y yo no te digo nada. Y seguimos por mi clásica teoría, que ya he comentado en otras ocasiones, de que si vestir bien fuera fácil, lógicamente, no habría gente que vistiera mal*. 

*Concepto de vestir mal: «Sobre gustos no hay nada escrito», «para gustos, los colores», «sobre gustos y colores no hay autores». ETCÉTERA. Está claro que no hay una verdad universal ni un estilo perfecto y un decálogo cuya bandera sea la objetividad, pero dentro de cada estilo hay quien sabe ir bien y quien tiene una mente que funciona random para asociar colores armónicos. Eso y que mezclan leopardo con cuadros. ¿Nunca habéis pensado «me encanta cómo va esa chica pero a mí no me quedaría bien»? No es tu estilo, eres consciente de que tu verdad no es absoluta y reconoces el mérito de los demás. Enhorabuena. Tienes buen gusto empieza a aplicártelo a ti mismo

Pero bueno, que yo aquí he venido a hablar de mi libro. 

Mi trabajo de campo de la semana pasada fue, efectivamente, ir de compras. Y como persona capitalista, consumista y fan de la moda y de tener el armario lleno de cosas que solo me he puesto dos veces que soy, cuando entraba a las tiendas tenía el ojo avizor activando tratando de pasar el escáner y localizar de una pasada lo que me interesaba (que ya había visto durante las navidades en las tiendas y en la web) y aprovechar entre tienda y tienda para mirar en internet qué prendas quedaban y qué tallas por si, in extremis, tenía que comprarlo online.

Pero además de todo eso, me di cuenta de que el amor es como las rebajas. A partir de ahora, vuestra imaginación y capacidad de correlacionar conceptos juega un papel importante. 

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Está la gente que antes de comprar en rebajas, ya se ha paseado durante los meses previos por las tiendas, se ha probado la ropa, ha sacado fotos a las etiquetas para saber el código de referencia, ha buscado en la web, ha comparado y el día 6 a las 23.59 tiene la tarjeta de crédito al lado del ordenador, ha hecho pis antes de sentarse, tiene las webs que le interesan abiertas y a las 00.00, ataca. Como quien lleva tiempo estudiando a una persona, ya han intercambiado miradas, incluso nombres y alguna sonrisa. Pero el día X se ha colocado sus mejores galas, sobaquillo limpio, chicle de menta y se decide a entrar al ruedo desprendiendo el inconfundible olor de la seducción.

Y no falla porque, como en las rebajas, camina sobre seguro. 

También hay quien llega tarde porque le ha dado pereza meterse el primer día en el barullo de gente y su prenda se ha agotado o no queda su talla, porque al fin y al cabo a todos nos gusta lo bonito. O porque con su vida profesional, no le ha dado tiempo. Son cosas que pasan. 

¿Y qué me decís de lo inevitable que es que tu mirada se desvíe hacia la nueva temporada? Es fresco, novedoso, está bien colocado e iluminado. A veces hasta brilla. Para algunos es inalcanzable y para otros es un capricho, pero siempre conscientes del esfuerzo que supone. Y oye, también se puede dejar para más adelante porque, total, el mes que viene va a seguir ahí. Como el guapo al que sabes que nunca tendrás; el chico que sospechas te traerá problemas, un esfuerzo adicional; o el que siempre está, el de la llamada del ahorro a las 6.00 am. 

Y los que directamente no van de rebajas.

Luego están las ofertas-ofertones. Prendas al 50% o al 70%. Muy rebajadas. Y aquí es donde entra en juego la sabiduría del comprador. Puedes irte a casa con una prenda de esta temporada que tiene una buenísima rebaja o puedes irte a casa con una prenda que creías que era un chollo pero la verdad es que es de hace cuatro temporadas, no sabías que lo era y además, tu amiga la que está puesta en moda te dice: «ay, me lo compré hace dos años, podías habérmelo dicho y te lo regalaba porque no lo uso más». Les hay quienes se van con un partidazo y quienes, bueno, lo intentan. 

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Un clásico, que no solo se da en las rebajas y en el amor sino en la vida en general es quien, sin haber hecho esfuerzo previo (o no demasiado esfuerzo previo), llega y besa el santo. Va un solo día de rebajas, encuentra sin demasiado esfuerzo lo que quiere, queda su talla y además le sienta genial. No es la regla general. En ningún campo. Tampoco es suerte. Es gente con un don, cuando nacieron les tocaron con una varita mágica y no, no somos ninguno de nosotros porque no somos especiales. No os dejéis al destino y al «las cosas al final saldrán bien y si no salen bien es porque todavía no ha llegado el final» PORQUE LA VIDA NO FUNCIONA ASÍ. Y las rebajas tampoco. Y el amor, menos. Fin. 

A mí me suele pasar a veces, por suerte solo con la ropa y no con mis ligues (solo una vez y no hablaré de ello), que estoy mirando cosas que me parecen preciosas y de repente me doy cuenta de que estoy en la sección equivocada. En mi caso la masculina. Como cuando llevas toda la noche ligando y al final te enteras de que cojea del otro pie. Ojo. OJO. Supongo que podrían avisar desde el principio, y a otra cosa mariposa, pero todos tenemos nuestro ego, ¿eh?.

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Las rebajas y el amor crean un estado de ánimo de total euforia y a veces te llevan a cometer errores; a comprar cosas que no te sirven, que en dos días no te gustan, que no te valen (te quedan grandes o pequeñas). A gastarte más de lo que tienes, a pelearte con alguien por ver quién se lo lleva. Tampoco es gustoso ver a otro/a con tu prenda encima. Y si le queda peor, ni tan mal. El drama empieza cuando le sienta mucho mejor que a ti. Mi recomendación es llevarlo con dignidad. Porque camisetas y personas hay muchas. Y sonreír. Eso ya sabéis que lo repito siempre.

Ocurre que pasa el tiempo y te arrepientes de ese vaquero que te probaste tres veces, miraste en internet y al final no te atreviste a comprar. Pero como todo, acaba olvidándose. Las rebajas también es buen momento para comprar cosas caras pero buenas; de fondo de armario. Aunque a veces nos pasemos de clásicos, siempre son una apuesta segura. Porque hay que pensar en el futuro. El problema es creer que una prenda de moderna nos servirá dentro de diez años. Las modas pasan. Igual que la belleza. Y por supuesto, gracias al Dios de la moda, la mayoría queda satisfecho con sus compras aunque en tres años te vayas a despedir de ellas.

Lo bueno de las rebajas es que con un tiquet, puedes devolver todo. Lo malo del amor es que hay cosas que nunca se irán del todo de tu armario

Cada uno que saque sus propias conclusiones. Felices rebajas a todos.

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