El tanga y otras mentiras

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No sé si ahora pasa porque no conozco a nadie de esa franja de edad, pero en mi colegio a los 14 años se puso de moda entre las chicas usar tanga.

Como lo oís.

Os imagináis la respuesta de mi madre cuando le dije que quería una: NO. Y ahora lo pienso y joder, lógico. Pero claro, necesitaba ponerme un puto tanga porque la mayoría de las niñas lo llevaban y no iba a ser yo la única que no. Ojalá todas las madres hubieran sido como la mía. ¿Quién sería la primera que tuvo la genial idea de dejar a usa hija que se pusiera tal clase de “ropa interior”? 

Y mi madre que NO.

Y yo, cabezona per natura, me fui al Carrefour y me compré uno. Claro que sí, con dos cojones. Era azul feo. Ni de coña me iba a comprar un tirachinas, le podría haber dado un infarto a mi madre. Así que opté por otro más ancho. Y bueno, creo que cuando lo vio simplemente se rindió.

Y era incómodo de cojones. Era horrible. Se te metía por los mofletes del culo, te violaba. Y encima te ponías un pantalón de licra (nuestros leggins de entonces) e ibas marcando el famoso triangulito. Lo más triste es que hasta nos gustaba. Ojalá hubiéramos luchado por ser Olivia Palermo y no Ylenia, es decir, la más guarra. 

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Creo que tiré mi tanga azul a la basura porque lo odiaba. Y al de tres años, me compré un pack de tres tirachinas porque los necesitaba para la depilación láser de las ingles. Y solo me los ponía para eso, porque seguían siendo jodidamente incómodos.

Cuando me sentaba en clase, me sobresalía por detrás la braga y me decían los chicos que si llevaba un paracaídas. Y yo me descojonaba claro, porque no quería ponerme un tanga ni loca. 

No uso tanga. Odio el tanga. Conozco chicas que dicen que es más cómodo y tíos que dicen que es sexy. ¿Sexy? No me jodas. ¿Vosotros sabéis que pasa con las humedades de abajo que TODAS tenemos? Qué razón tenía mi madre: eso es una fábrica de bacterias. 

Las bragas te recogen el culo, hasta te lo moldean, abrigan en invierno, son cómodas. Hay culottes súper eróticos, te puedes poner tan tranquilamente tu salva slip. Bf. Muerte al tanga. 

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Otras cosas de las que me arrepiento profundamente y no sé en qué estaba pensando son: esos pantalones de campana de Bershka que había en mil colores y las toreras tapa-tetas que nos poníamos encima de camisetas ajustadas que marcaban las morcillas; creer que podía comer todo lo que quisiera sin engordar;  ir a los conciertos de Fran Perea, Andy y Lucas, Melendi y Juanes; comprar licor 43 para tomar una calurosa tarde de verano en la playa; haber salido de fiesta con camisas de mi padre; la cazadora Columbia que era fea y menos femenina que eructar; haber visto películas de miedo hasta odiarlas; comerme un bocadillo todas las tardes de aquel verano hasta parecer la prima de Michelín; haber ido maquillada a la playa por si veía a aquel chico; haber enseñado el culo en público… varias veces; el maletín de herramientas enorme que me compré para meter maquillaje y ahí sigue vacío; y sobre todo, y por encima de todo, la carpeta de Bustamante que llevaba al colegio

Maldita adolescencia. Siempre nos perseguirá.

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