El precio era echar de menos

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Echo de menos abrir los ojos y ver el sol entrando a raudales por los enormes cristales y el verde, el cielo y el mar. Echo de menos el olor a café, los bollos en la tostadora, la mermelada casera y desayunar sintiendo la hierba en los pies. Echo de menos las duchas en un baño grande y las toallas limpias, andar descalza por la alfombra y quedarme diez minutos contemplando la inmensidad del armario hasta que decido qué ponerme.

Echo de menos el olor a mar, el ruido de las gaviotas, saber siempre en qué calle estoy y a dónde me dirijo. Saludar a gente conocida que pasea y observar a diario la bahía, el suelo impoluto y las lanchas que te llevan de punta a punta.

Echo de menos llegar a casa y que me abracen, que me esperen, que me laman y me arañan con las patas. Echo de menos que me echen de menos.

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Echo de menos que me llamen y me digan qué quiero para comer y que, sin pedirlo, tenga en el congelador del garaje pizza cuatro quesos, coca cola light en la nevera y cerezas. De las gordas. La libertad que dan unas llaves y un depósito de gasolina. Comer rabas mientras comento el fin de semana y que, en menos de 15 minutos, esté con amigos.

Echo de menos ir a ver a fulanito que ahora trabaja en el cine, o a menganita que ahora está en una oficina y sale a tomarse un café. Echo de menos subir cuestas, bajar escaleras, que se me rice el pelo y pueda dormir por las noches en un colchón en el que ni esa princesa notaría el guisante. Echo de menos el olor a ropa limpia que dura de temporada en temporada.

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Echo de menos leer libros sin escuchar a los vecinos y no llegar a casa con los pies negros de la contaminación. Desayunar sobaos, comer cocido montañés, bailar en las verbenas. Perder el tiempo, pintarme las uñas, la lubina al horno y los langostinos del domingo. Echo de menos escuchar historias de 100 años, quedar a la misma hora y en el mismo lugar que siempre, que me digan: «No te gires, ahí está». 

Echo de menos que no me griten, poder estar en silencio, confiar sin peros, subir sigilosamente las escaleras hasta la habitación a las 7 am. Y a mi hermano.

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