Sabemos lo que queremos

largeEn una conversación cualquiera, en un lugar cualquiera, con gente que te conoce, dices que —no sé, pongamos un ejemplo— no te harías un tatuaje nunca. Y la vocecita del grupo, esa que se acuerda de todas las opiniones que vertiste en todos los momentos de tu vida, te recuerda que hace 15 años te encantaban y querías hacerte uno.

Como si uno no pudiera cambiar de opinión en 15 años. Como si la persona que dijo eso fuera la misma que está diciendo lo contrario ahora. Como si la vida y las circunstancias no cambiasen. Como si estuviéramos obligados a sentir y pensar algo único para siempre.

Quiero decir, puede que el problema lo tengan los que siguen pensando igual que en la adolescencia.

Durante estos años he cambiado varias veces de parecer: radicalmente en algunos aspectos, levemente en otros. Incluso en algunas cosas me he mantenido estática, que no firme. Por ejemplo, siempre he defendido el aborto; he despotricado sobre un partido político al que voté; he renunciado a comprar más pantalones pitillo, pero no dejado de ponerme los que ya tengo.descarga

Lo mismo sobre cuestiones de vital importancia como la familia, la amistad o la pareja. El orden de factores no altera el producto, pero trato de priorizarlos y dar a cada uno la justificada importancia que han de tener. Sobre todo cuando no puedes dedicar a cada uno todo el tiempo que merecen y, el poco que tienes, debes partirlo cual rey Salomón. Eso sí, los ratos —aunque breves y espaciados en el tiempo— son de una calidad excelente.

He cambiado las pipas en el banco por gin-tonics en terrazas; las conversaciones sobre nada por conversaciones sobre todo; antes cenaba en el Telepizza, ahora veo un anuncio y vomito. No hablo de mis amigos como si fueran hermanos porque yo ya tengo uno y, queridos y queridas, no querré jamás a nadie como quiero a mi hermano.

Poco a poco hemos pasado de ser un simple pañuelo de lágrimas acompañado de frases como “pasa de él, tía, es lo mejor” a un pañuelo de lágrimas que da consejos reales y se implica:  sobre despidos laborales, compras de viviendas, matrimonios y vidas a la deriva. Se entiende que, a estas alturas, contar lo que nos atormenta y/o preocupa equivale a escuchar lo que el de enfrente tiene que decirnos. Nos guste o no.

Lascosasquetequitanelsueño han ido in crescendo. Con 15 años lo que me pasaba eran suspensos aleatorios, zumbidos en Messenger y horarios de llegada a casa; con 20, amores con ínfulas de comedias románticas y elecciones de asignaturas optativas; hoy me preocupa que me renueven el contrato, el alquiler y llegar a fin de mes, saber si quiero ser madre o dedicarme por completo a mi trabajo, y el precio de la gasolina. Y es por eso que vemos a hombres de 30 años imitando a una campana en medio de un bar, a mujeres adoptando de manera cutre acentos locales en sus viajes y a mi padre pidiéndome que le acompañe al Circo Italiano.

Porque ya tenemos suficiente con lo nuestro como para aguantar lo de los demás.

tumblr_o5x3e2HSWT1vr8l3yo1_500¿Habéis pensado alguna vez en qué dichos o parábolas estamos dejando para el futuro? Las antiguas “río que suena, agua lleva” o “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” se han sustituido por las modernas “noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno” y “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”. De entre todas, mi favorita es “no sé lo que quiero, pero sí sé lo que no quiero” —que es una canción de Calamaro—.

¿En serio? Un aplauso. ¿Qué no quieres? ¿Ser un drogadicto o sufrir síndrome de Diógenes? Otro aplauso. Una frase clásica de alguien que no tiene necesidad de hacer para sobrevivir lo que nadie quiere hacer. Así que lanzo un grito bien alto para los que tenemos que pagar-nos las facturas sea como sea: sí sabemos lo que queremos.

En los pocos ratos en los que no estamos trabajando o sufriendo al ver la banca online, queremos anécdotas, criticar al Gobierno y a los autónomos por no declarar, queremos hablar de vino, de los interesantes proyectos de futuro, parejas hablando de su último viaje, de sexo sin tapujos, queremos divertirnos, alegrías, buenas caras. Queremos flores, series de televisión, deporte, gastronomía, todo lo que esté de moda. Intercambiarnos recetas de hummus, reflexiones maduras e inteligentes. Queremos hacer planes, muchos planes. Y cumplirlos. Queremos actualidad mundial y que todos sepamos de qué estamos hablando. De los que hace años que no vemos y cómo han cambiado, queremos que las críticas sean constructivas, que los sueños sean reales, cumplir deseos con esfuerzo y trabajo, proponernos algo y hacerlo, queremos gente objetiva con los pies en la Tierra, queremos más carcajadas y menos suspiros de angustia, queremos ser fuertes, música, teatro, temas variados para variadas conversaciones, aire libre, generosidad, desenfreno.

Queremos a gente que llore cuando tenga que llorar, pero que luego pare, escuche lo que tengas que decirle y coja las riendas de lo que sea que esté pasando en su vida.

Y que sonría: mucho, bien, bonito.

Deja un comentario

*