12 años

Hace casi cuatro años me hice una carta astral. No es que yo crea mucho en estas cosas ni sea una fanática de la astrología, pero qué más da. Me tomé un par de cervezas con una chica muy esotérica un verano, de esas que tienen una personalidad muy arrolladora y te enamoran a la segunda frase, de esas a las que escuchas atentamente con la boca abierta porque hablan bien, son inteligentes, guapas y muy especiales. Y me dijo que probara. Que a veces no sabemos que tenemos a Saturno en nuestro signo y por eso nos ocurren todas esas cosas malas, pero que pasa, que termina yéndose, solo tenemos que sacar el paraguas y aguantar el chaparrón.

Entre varias cosas, me decía que empezaba una nueva etapa que duraría 12 años. Y justo coincidió en un momento de cambio importante e ilusionante para mí. Automáticamente piensas que va a ser genial, que incluso 12 años te parecen pocos. Y ahora, que todavía al parecer me quedan ocho, me pregunto si más que algo bueno, era algo malo.

Llevo más de un año sin escribir para mí. He entrado en este blog unas cuatro veces en todo este tiempo y he tecleado y tecleado, pero nunca he pulsado el botón de ‘publicar’. Y creo que es el síntoma de algo que se está mezclando con un ‘abrir los ojos’ tremendo, con una desgana generalizada, con un no encontrar el sitio, con una parte de mi alma que alguien me arrancó y que se ha ido para siempre, con una pérdida imparable de ilusiones, un goteo incesante de lamentos, de quejas, de añoranzas, de impotencia, de morderme la lengua, de no querer luchar más, de sufrir en silencio contando los días para que llegue equis. Porque, efectivamente, paso mucho más tiempo en el pasado y el futuro, que en el presente.

Atrás quedaron los días de vino y rosas, las mariposas en el estómago, ya no me pongo nerviosa por nada, ya no creo en nada ni en nadie. Resumiría este momento como una gran mierda. Y hablo con el resto y veo que sienten lo mismo. Que se matriculan en másteres y en otras carreras con la esperanza de que algo cambie, como si no estuviera todo echo un asco, como si aún en un recóndito lugar del planeta estuviera una caja con todos nuestros sueños e ilusiones esperándonos.

Vamos a ver cómo damos la vuelta a esto. Yo creo que todavía no estoy necesitada de cuidados intensivos, porque aunque la carta astral diga que me quedan ocho años en esta etapa, yo voy a seguir luchando sin parar para cambiar lo que no me gusta, buscar nuevos espacios, encontrar nuevas ilusiones y reinventarme de nuevo. Y quiero escribir más aquí, más lo que yo siento y pienso.

A los que estáis como yo (sé que sois muchos): no os desaniméis. La gente se jubila todos los años.

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